martes, 15 de noviembre de 2011

Theodore Kaczynski - El Buque de los Necios. Una parábola políticamente incorrecta.



EL BUQUE DE LOS NECIOS.
Una parábola políticamente incorrecta.


Érase una vez un capitán y sus oficiales que se volvieron tan presumidos, tan llenos de arrogancia y tan pagados de sí mismos, que se volvieron locos.
Pusieron rumbo al Norte hasta encontrarse con icebergs y témpanos peligrosos y, a pesar de ello, mantenían la misma dirección adentrándose cada vez más en las gélidas y temibles aguas, únicamente para darse el gusto de demostrar su pericia en tan temeraria navegación.
Como quiera que el barco se acercaba más y más al Norte, los pasajeros y la tripulación mostraban cada vez mayor inquietud, y comenzaron a debatir entre ellos y a quejarse de sus condiciones de vida.
-¡Que me zurzan si este no es el peor viaje que he realizado en mi larga vida de marino! La cubierta está resbaladiza por el hielo; cuando estoy de vigía, el viento helado me introduce el frío hasta los huesos; cada vez que tengo que arriar velas, se me congelan los dedos, y todo por cinco miserables chelines al mes.
-¡Tú te crees que estás mal! ¿verdad? ¡Yo por el frío no puedo ni dormir ya que en este barco a nosotras no nos dan las mismas mantas que a los hombres! -le espetó una pasajera. ¡Es una injusticia!
Un marinero mejicano exclamó: -¡Hijo de la gran chingada! A mi sólo me dan la mitad de sueldo que le dan a los gringos y, encima, la comida que me sirven es menos que la que dan a un anglo, con la falta que me hace para mantenerme mínimamente caliente aquí y, lo peor de todo, es que siempre nos dan las órdenes en inglés, en vez de en español.
-¡Yo tengo más razón que nadie para quejarme! exclamó un marinero indio. Si los rostros pálidos no nos hubieran robado nuestras tierras y riquezas ancestrales, no estaría ahora en este barco en medio de vientos árticos e icebergs. Estaría en una canoa remando en un plácido lago. ¡Merezco una compensación! Como mínimo, el capitán debería dejarme organizar unas partidillas de dados para ganar algún dinero.
Habla el contramaestre diciendo: -¡Ayer el segundo oficial me llamó marica! Sólo porque a mí me guste chupar pollas, no es razón para que me insulten.
-¡No sólo los humanos sufren maltrato en este barco! -dijo con indignación un pasajero amante de los animales. Sin ir más lejos, la semana pasada vi al tercer oficial darle dos patadas al perro del barco.
Uno de los pasajeros, que era profesor de Universidad, retorciéndose las manos, exclamó: ¡Todo esto es terrible! ¡Es inmoral! ¡Es racismo, sexismo, crueldad, homofobia y explotación de los trabajadores; es discriminación! ¡Necesitamos justicia social! ¡igualdad para el marinero mejicano, sueldos más altos, compensaciones para el indio, igual trato para hombres y mujeres, derechos formales para chupar pollas y no más patadas al perro!
-¡Sí! ¡Sí! -gritaron todos los pasajeros -¡Ahí, ahí! -gritaba la tripulación. -¡Es discriminación! ¡Tenemos que demandar nuestros derechos!
El grumete carraspeo: -¡Todos tenéis buenas razones para quejaros! Pero a mí me parece que lo que tenemos realmente que hacer es dar la vuelta y dirigirnos al sur, porque si seguimos este rumbo tarde o temprano seguro que naufragaremos y, entonces, tus salarios, tus mantas y tu derecho a chupar pollas no valdrán para nada porque nos ahogaremos todos.
Pero nadie le hizo el menor caso, porque sólo era un grumete.
El capitán y sus oficiales que desde el castillo de popa habían estado escuchando y observando la escena, ahora sonreían y se guiñaban el ojo.
El capitán hizo un gesto al tercer oficial, y éste bajó del castillo de popa hasta donde se encontraba la tripulación y pasajeros, mezclándose con ellos con un andar chulesco. Poniendo una expresión seria rompió a hablar.
-Nosotros los oficiales hemos de admitir que han ocurrido hechos inexcusables. No nos habíamos dado cuenta de la gravedad de la situación hasta no haber oído vuestras quejas. Somos gente de buena fe y queremos ser justos con vosotros ¡pero, como sabéis, el capitán es un poco conservador y quizá habría que pincharle un poco para poder conseguir algún cambio sustancial! En mi opinión si protestáis contundentemente, siempre que sea pacíficamente, podremos mover al capitán de su inercia y forzarle a afrontar los problemas de los que tan justamente os quejáis.
Después de haber dicho esto, el tercer oficial se dirigió al castillo de popa. Mientras se alejaba, los pasajeros y la tripulación le gritaban: ¡Moderado! ¡Reformista! ¡Neoliberal! ¡Lacayo! Pero aun así, hicieron lo que él les dijo.
Los pasajeros se juntaron frente al castillo de popa y entre gritos e insultos, demandaron sus derechos a los oficiales.
-¡Yo quiero recibir órdenes en castellano!- gritó el mejicano.
-¡Demando mi derecho a poder organizar partidas de dados! -gritó el marinero indio. -¡Quiero que me dejen de llamar marica! -exclamó el contramaestre. -¡Que dejen de dar patadas al perro! -gritó el amante de los animales -¡La revolución ahora! -chilló el profesor.
El capitán y los oficiales, se reunieron y deliberaron durante varios minutos, guiñándose el ojo, asintiendo con la cabeza, sonriéndose unos a otros todo el rato.
A continuación, el capitán se dirigió a la barandilla del castillo de popa y con grandes muestras de benevolencia anunció que al mejicano se le subiría a dos tercios del sueldo de los anglos y la orden de arriar velas se la darían en castellano, las pasajeras recibirían una manta más, que el marinero indio podría organizar partidas de dados los sábados a la noche, que al contramaestre no se le llamaría marica si chupara pollas en la intimidad y nadie podría dar patadas al perro, excepto si roba comida.
Los pasajeros y la tripulación celebraron estas concesiones como una gran victoria, pero a la mañana siguiente volvieron a estar insatisfechos.
¡Seis chelines al mes es poco dinero! Cada vez que arrío velas se me congelan los dedos -refunfuñaba el marinero. ¡Y todavía no gano lo mismo que los anglosajones, ni me dan suficiente comida para este clima -se quejó el marinero mejicano. ¡Las mujeres no tenemos mantas suficientes! -dijo una pasajera. Los otros miembros de la tripulación y pasajeros protestaban de forma similar y el profesor les azuzaba.
Cuando habían finalizado sus quejas, el grumete tomó de nuevo la palabra y hablando en alto, para que el personal no pudiera no darse por enterado dijo:
¡Es terrible dar patadas al perro, porque robe un poco de comida de la cena, y el que las mujeres no tengan igual número de mantas o que al marinero se le congelen los dedos, y no veo por qué el contramaestre no puede chupar pollas si le da la gana, pero: ¡mirad cuántos icebergs hay ahora! Y cómo sopla cada vez más el viento. ¡Tenemos que dar la vuelta e ir hacia el Sur, porque como sigamos al Norte seguro que naufragaremos y moriremos ahogados.
-Sí, sí -dijo el contramaestre. ¡Es terrible que sigamos al Norte, pero ¿por qué tengo que chupar pollas en el armario? ¿por qué me llaman marica? ¿acaso no soy igual que los demás?
-Seguir al Norte es terrible, es precisamente por eso que las mujeres necesitamos más mantas ¡ahora!
-Es verdad! -dijo el profesor- yendo al Norte nos ponen en dificultades, pero cambiar el rumbo al Sur no sería realista. ¡No se puede dar la vuelta al reloj!. ¡Tenemos que buscar una forma madura de enfrentarnos a la situación!
¡Mira! -dijo el grumete- si dejamos en el castillo de popa a esos cuatro locos seguir con lo suyo, nos ahogaremos todos, pero si sacamos el barco del peligro, podremos preocuparnos después de las condiciones de trabajo, las mantas para las mujeres y el derecho a chupar pollas, aunque primero tenemos que dar la vuelta al barco. Si nos juntarnos algunos y preparamos un plan de acción con coraje, podremos salvarnos; no haría falta mucha gente: con seis u ocho lo podríamos llevar a cabo. Podríamos tomar el castillo de popa, echar a esos colgados por la borda y dirigir el barco al Sur.
El profesor levantó su nariz y dijo severamente-. -¡No creo en la violencia! ¡Es inmoral! -No es ético utilizar la violencia jamás -dijo el contramaestre. -¡Desconfío del uso de la violencia! -dijo una pasajera.
El capitán y sus oficiales habían estado observando toda la escena, y a una señal del capitán, el tercer oficial volvió a bajar a cubierta, y mezclándose entre los pasajeros, dijo: Todavía quedaban muchos problemas en el barco, hemos logrado importantes avances. Pero aún siguen siendo duras las condiciones de trabajo para los marineros, el mejicano no gana todavía igual que los anglosajones, las mujeres aún no tienen las mismas mantas que los hombres, el derecho a poder organizar partidas de dados los sábados es, ciertamente, una pobre compensación por el robo de las tierras a sus antepasados, es injusto que el contramaestre deba chupar las pollas en el armario y que el perro se sigua llevando patadas de vez en cuando. Creo que hay que presionar un poco más al capitán. Sería de gran ayuda si hicierais otra protesta, siempre que ésta no sea violenta.
Mientras el tercer oficial volvía al puesto, todos le insultaban pero, al final, hicieron lo que éste propuso.
El capitán, una vez escuchadas sus quejas, se reunió con sus mandos en conferencia, durante la cual se guiñaron el ojo y sonrieron abiertamente; entonces se fue hacia la barandilla del castillo de popa y anunció que a los marineros le darían guantes para mantener las manos calentitas, el mejicano recibirla tres cuartas partes del salario de los anglosajones, a las mujeres se les entregaría otra manta más, al marinero indio le dejarían organizar partidas de dados los sábados y domingos y al contramaestre le dejarían chupar pollas en público a partir de¡ anochecer y nadie podría darle patadas al perro sin un permiso especial del capitán.
Los pasajeros y la tripulación quedaron extasiados con esta gran victoria revolucionaria, pero a la mañana siguiente, de nuevo se sintieron insatisfechos y comenzaron otra vez a quejarse de lo de siempre.
Entonces, el grumete empezó a irritarse y les grito:
¡Malditos necios! ¿no veis lo que hacen el capitán y sus mandos? Os tienen ocupados con vuestras quejas triviales de mantas, salarios, mamadas y el pobre perro, para que no penséis que lo que realmente va mal en este buque, es el hecho de que cada vez vayamos más al Norte y que todos moriremos ahogados. Si únicamente alguno de vosotros despertarais y atacásemos juntos el castillo de popa, podríamos virar en redondo y salvarnos. Pero lo único que hacéis es quejaros de cosas banales como el juego de los dados, chupar pollas o las condiciones de trabajo.
¡Banales! -gritó el mejicano. ¿Tú crees razonable que yo cobre un cuarto menos de salario que un gringo?, ¿es eso insignificante? -¡Cómo puedes llamar a mi queja algo trivial! -gritó el contramaestre. ¡No sabes lo humillante que es que te llamen maricón. -¡Pegar al perro una cosa sin importancia! -espetó el defensor de los animales. ¡Es cruel, inhumano! ¡Brutal!
¡Vale pues! -dijo el grumete. Estos problemas no son insignificantes ni triviales; pegar al perro es cruel y brutal, y es realmente humillante que te llamen maricón, pero la magnitud de nuestro problema principal, el hecho de que el barco cada vez vaya más al Norte, hace que estas quejas se conviertan en insignificantes y triviales. ¡Porque si no damos la vuelta al buque todos moriremos ahogados!
-¡Fascista! -le llamó el profesor. -¡Contrarrevolucionario! -le gritó la pasajera.
Y todos los demás pasajeros y miembros de la tripulación comenzaron a tachar al grumete de fascista y contrarrevolucionario y echándole a un lado, siguieron hablando de salarios, igualdad de mantas, derechos a hacer mamadas en público y de los malos tratos al perro. Mientras tanto, el barco, que seguía rumbo al Norte, después de un breve lapso quedó atrapado entre dos icebergs, muriendo todos ahogados.

viernes, 11 de noviembre de 2011

Friedrich Nietzsche. (1844 - 1900)



(Extracto del libro El Anticristo, 1888)

Al llegar aquí no puedo contener un suspiro. Hay días en que anida en mí un sentimiento más negro que la más negra melancolía: el desprecio a los hombres. Y para que no quede duda sobre lo que yo desprecio y a quién desprecio, diré que desprecio al hombre moderno, al hombre del cual yo soy desgraciadamente contemporáneo. El hombre de hoy... Su impura respiración me ahoga. Contra el pasado, yo, como todos los estudiosos, alimenté una gran tolerancia, es decir, me hago generosamente violencia a mí mismo: yo atravieso el mundo-manicomio de milenios enteros con prudencia tétrica, ya se llame cristianismo, o fe cristiana o Iglesia cristiana; me guardo mucho de hacer a la humanidad responsable de las enfermedades que han afligido su espíritu. Pero mi sentimiento se rebela apenas me interno en los tiempos modernos, en nuestro tiempo.
Nuestro tiempo es sabio... Lo que en otro tiempo era simplemente malsano, hoy es indecente, es indecente ser hoy cristiano. Y aquí comienza mi náusea. Yo miro en torno a mí: ya no queda una palabra de todo lo que en otro tiempo se llamaba verdad; nosotros no podemos ya soportar que un sacerdote pronuncie solamente la palabra verdad. Aún teniendo las más modestas pretensiones a la probidad, hoy se debe saber que un teólogo, un sacerdote, un papa, con cualquier frase que pronuncia no sólo se equivoca, sino que miente, y que no es ya libre de mentir por inocencia, por ignorancia. También sabe el sacerdote, como lo sabe cualquiera, que no hay Dios, ni pecado, ni redentor; que libre albedrío y orden moral del mundo son mentiras: la seriedad, la profunda victoria del espíritu sobre sí mismo no permiten ya a nadie que sea ignorante sobre estas cosas... Todas las concepciones de la Iglesia son reconocidas por lo que son, como la más triste acuñación de moneda falsa que ha existido hecha con el fin de desvalorizar la naturaleza y los valores naturales: el sacerdote mismo es reconocido como lo que es, como la más peligrosa especie de parásito, como la verdadera araña venenosa de la vida... Nosotros sabemos, nuestra conciencia sabe hoy, qué valen en general aquellas funestas invenciones de los sacerdotes y de la Iglesia, de qué servirán, esto es, para conseguir aquel estado de damnificación de la humanidad, cuyo espectáculo produce náuseas, los conceptos de más allá, juicio final, inmortalidad del alma, el alma misma, son instrumentos de tortura y sistemas de crueldad, en virtud de los cuales el sacerdote se hizo el amo y siguió siendo el amo... Todos saben esto, y sin embargo todo sigue igual. ¿Dónde ha ido a parar el último sentimiento del decoro, del respeto de sí mismo, si hasta nuestros hombres de Estado- por lo demás, una especie de hombres y de anticristianos bastante descocada en la práctica- se llaman aún hoy cristianos y toman la comunión?
¡Un joven príncipe a la cabeza de sus regimientos, espléndido como expresión del egoísmo y de la elevación de su pueblo, profesa sin pudor el cristianismo! Pero ¿qué es lo que niega el cristianismo? ¿Qué es lo que llama mundo? El hecho de ser soldado, de ser juez, de ser patriota; el de defenderse, de atenerse al propio honor, de querer el propio provecho, de ser orgulloso... Toda práctica de cada momento, todo instinto, toda valoración que se convierte en hecho es hoy anticristiana; ¡qué aborto de falsedad debe ser el hombre moderno para no avergonzarse todavía de llamarse cristiano!

sábado, 1 de octubre de 2011

Eduardo Naranjo. (1944)

El mundo gris de Marina



Atentado en el primer muro



Espacio para un recuerdo en tres fases



El mar sin horizontes



Triste maternidad



Espacio para un sueño



Atrapada añoranza materna



La imagen de los tiempos perdidos




Los tiempos fundidos de Isadora




Abrazo de dos ausentes



Mirada al pasado



Posible retrato de viejo anónimo

lunes, 26 de septiembre de 2011

Gustavo Palavecino - Acerca del Oficio Destruccionista.



Porque no somos más que tejido nervioso montado en un armazón de huesos/ Aunque dios desde El Pentágono nos avise que somos seres racionales/ y nos instigue a reproducirnos y a gastar dinero en sepulturas/ nada nos diferencia de los hongos ni de las piedras/ Como botellas plásticas terminaremos en el gran vertedero del mundo/ y nada podrá hacer doña Educación ni don Trabajo para resucitarnos/ ¡Oh destruccionistas, aceleremos nuestro destino! /Con taladros, motosierras, podadoras y morteros/ desfilemos pisoteando a los congéneres caídos como zombies, sin pena, miedo ni remordimiento/Incendiemos las escuelas, los museos, los bancos y santuarios del retail/ Una vez guillotinada Madame Historia emprendámosla con Mademoiselle Razón y sus feligreses/ sin olvidarnos de la Sociedad de los Poetas Bondadosos que le escribieron a la flor, al mar azul y al amor/ Porque no existe esa hermandad de la que tanto hablan/ el poeta se alimenta de envidia y vanidad/ le repiquetea el cascabel de la cola cada vez que estrecha la mano o palmotea la espalda/ ¡Desconfiad destruccionistas, desconfiad de todo! /¡Marchemos juntos destruccionistas del mundo! /y alguno de estos oficios elegid: carnicero, leñador, cantinero, detonador de explosivos, cazador, verdugo, mercenario, traficante, cafiche, sicario, terrorista, demoledor, panteonero, extirpador-amputador, curtidor, machacador, matarife…/ No tengáis miedo de masticar el polvo ni caer en charcos de sangre y podredumbre/Hagamos el trabajo que nadie quiere hacer: escribidle a lo fatídico, a lo informe, a lo antiestético a lo particularmente grotesco… hasta que la omnipotente MUERTE se haga cargo de nuestra inexistencia.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

Teófilo Cid - El bar de los pobres.


El Bar de los Pobres.


Hoy he ido a comer dónde comen los pobres,
Dónde el pútrido hastío los umbrales inunda
Y en los muros dibuja caracteres etruscos,
Pues nada une tanto cómo el frío,
Ni la palabra amor, surgida de los ojos,
Como la flor del eco en la cúpula perfecta.

Los pobres se aproximan en silencio.
Monedas son sus sueños
Hasta que el propio sol airado los dispersa
Para sembrarlos sobre el hondo pavimento.
En tanto, cada uno es para el otro
Claro indicio, fervor de siembra constelada.

Y en la pesada niebla de los hábitos
Que en ráfagas a veces se convierten
De una muda erupción
De alcohólica armonía,
Yo siento que el destino nos aplasta,
Como contra una piedra prehistórica.

Pues somos los que pasan
Cuando los más abren los ojos claros
Al amplió firmamento
Que adunan los crepúsculos antiguos.

El mundo es sólo el sol para nosotros,
Un sol que ha comenzado por besar las terrazas
De los barrios abstractos...

Masticamos sus migajas,
Sintiendo que un espasmo egoísta nos mantiene,
Pues somos individuos, por más que a ciencia cierta
El nombre individual es sólo un signo etrusco

En los que aquí mastican su pan de desventura
Un viejo gladiador vencido existe
Que puede aún llorar la lejanía,
Los menús elegir de la tristeza
Y darse a la ilusión de que, con todo,
Es un sobreviviente de la locura atómica.

Sentados en podridos taburetes
Ellos gastan los últimos billetes
Vertidos por la Casa de Moneda.

Los billetes son diáfanos, decimos,
Carne de nuestra carne,
Espuma de la sangre.

Con billetes el mundo
Congrega sus rincones
Y parece mostrar una estrella accesible
Sin ellos, el paisaje es sólo el sol
Y cada cual resbala sobre su propia sombra.

Pero la Casa de Moneda piensa por todos
Y los billetes; ¡oh encanto del bar miserable!
Nos suministra sueños congelados,
Menús soñados el día desnudo de fama.
Al levantar los vasos se produce el granito
Del brindis que nos une en un pozo invisible.

Alguien nos dice que el sol ha salido
Y que en el barrio alto
La luz es servidora de los ricos
¡La misma luz que fue manantial de semejanza!

Hoy he ido a comer donde comen los pobres
Y he sentido que la sombra es común
Que el dolor semejante es un lenguaje
Por encima del sol y de las Madres.

domingo, 12 de junio de 2011

Vladímir Maiakovski - Mi Universidad.



Mi Universidad.


¿Sabe francés,
restar,
multiplicar?

Declina maravillosamente!
¡Que decline!
Pero oiga,
¿acaso usted podría cantar a dúo,
con los edificios?
¿Usted acaso comprende
el idioma de los tranvías?
El hombre, a veces,
apenas sale del cascarón
y ya lleva libros bajo el brazo,
y cuadernos escritos.
Yo,
aprendí el alfabeto en los letreros,
hojeando páginas de estaño y hierro.
Los maestros,
toman la tierra,
la descarnan,
la destrozan,
y enseñan:
-Toda ella
no es más que un globo pequeño, redondo.
Pero yo,
con los codos aprendí geografía.
No en vano he dormido tanto sobre la tierra.
Los historiadores se atormentan con

/importantes preguntas:

-¿Era o no era roja la barba de Barbarroja?
¡Que sea!
No me gusta meterme en las mentiras con
/telaraña.

Yo conozco de Moscú, cualquiera de sus
/historias.

Hablan de Dobroliubov (para que lo odien)
pero su apellido está en contra,
protesta la familia.
Yo,
desde niño
aprendí a odiar a los gordos,
a los que se venden por una comida.
Se sientan,
charlan,
y para gustarle a la dama,
hacen sonar sus pobres ideas
con sus frentes llenas de monedas.
Yo,
dialogaba sólo con los edificios,
y las tomas de agua eran mis interlocutoras.
Con la ventana del oído atento escuchando,
los techos oían lo que les arrojaba al oído.
Y luego,
de noche,
sobre una cosa
o la otra
nos pasábamos charlando,
moviendo la "sin hueso".

domingo, 3 de abril de 2011

Helvert Barrabás - Numeraciones.




1
La ciudad es una gran hélice
Repleta de espirales
De ir & venir
De prolongaciones inmediatas & artificiales
Interminables.
2
Los héroes mueren de hambre en la esquina ensoñadora
Con la sonrisa de los 15 años y el abrigo menesteroso.
3
Se me quiebran los talones en las velocidades proporcionales
Cayendo como escalera desdentada
Enredado en la línea del Capricornio Copérnico
Sumergido en la espiral de la centrífuga de estrellas.
4
Manantial de manicomios des-establecidos & hospitales fantasmagóricos
Mi canto es el himno podrido & vomitado de las banderas andrajosas
& la patria desmantelada.
5
Satélites apocalípticos indican la ruta del nuevo salvador:
La gran masa estúpida & ridícula & genuflexa & ignorante
Cosida a puño por el dios camaleónico
Transita excitada por el laberinto argentino
Con su decadencia vestida de tecnológica
Prostituida / fornicada / sodomizada.

martes, 7 de diciembre de 2010

Helvert Barrabás - Desacordes.



Camino & camino y no encuentro donde
En los arquitectónicos senderos de la ciudadela
Donde en los ángulos grises aguardan algunos señores (as)
Bufonescos (as) / con sombrero y todo en el verano lleno
(Algunos severos cansados & hastiados / otros idiotas precoces & hambrientos)
Guiñol de estado & poder.
Si / suelo caminar por aquellos cielos de lechuzas vigilias
Con limites visuales no tangibles, inmensos.

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La ciudad es un ala de colibrí / & él / peón maldito / se arrastra por ella /
Preso de palabras / con sus delirios & paranoias /
Colgando de los inmensos días de techo vacío /
Esperando apocalíptica-mente sucesos indescifrables /
Con el rostro brillante de colores apócrifos/
Escribiendo helicópteros & globos dirigibles.

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Zumbido eléctrico de zancudos & bolígrafos que trizan el blanco
O repiquetean los dedos en la caja musical que vomita poemas
El centelleo trémulo de 200 watts pone estático el tiempo
(El tiempo en el sol transcurre en las sombras)
Un cuello de oca / como garfio
Me tiñe los ojos con gambox de mapache
Entre basura del norte
Donde en 50 pasos los perros cantan la muerte:
Sinfonía caótica cruzada con sonidos de ráfaga mecánica.

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La Ñ lleva una nube encima, que causa martirio nefasto
En ese reloj insondable de los castillos mentales
Rodeado de caimanes enflaquecidos por la peste
& moribundos polizontes durmiendo la eternidad en los dédalos
Con una doncella prostituida en las almenas, inmunda & preciosa.

martes, 5 de octubre de 2010

Helvert Barrabás - Chile cosido a mano.


Aleksandr Ródchenko

Chile cosido a mano y su vergüenza
En el pozo de los mil colores
¡Irrefutable carajo!
En La América sin apellido
Que nos hace cosquillas
En cines y restoranes.
Y vomitamos sus canciones oceánicas
Inmensas como máquinas
Horrísonas como insectos metálicos
Que surcan los bosques grisáceos.
Y sueno como esdrújula
En masturbaciones de guitarras
Entre tintines y tontones
Estrangulados de etiquetas.
Y en el paraíso cuadrado
De colinas pixeladas
Sobran las pizarras
Se pierde un universo
Y se abre una ergástula.

domingo, 26 de septiembre de 2010

Helvert Barrabás - Un viento ebrio de color cobre.


Tristan Tzara fotografiado por Man Ray


Un viento ebrio de color cobre
Revolotea
Me coge de pies y brazos
(Un anochecer de locura & desenfreno)
De silbidos paranoicos
En los kioscos tatuados
Con lupa de cuarzo
Y bolsillo abismante.
(Me fui a echar con los perros de mirada viva)
Y un faro dibuja una bicicleta en el cemento
De hombre inválido
Por la cólera y el sorbo.
(Creía un verso de quince patas)
Con aliento lastimero
(En las tierras de la costra americana)
Con su pecho cancerígeno
Y el látigo de las civilizaciones primigenias.
(Y me fui a vagar por ahí)
Sin mover ni siquiera un dedo
Y observé hipocresía desbordante
Muertos de ochos horas
Ningún cuestionamiento.
(Y ya no era el sol)
Era una cruz que golpea a los infieles
Que yace colgando de desmesurados cuellos mugrientos.
(El de los talismanes)
Se ha quedado ciego
Se quedó sin horizonte
Se mofó de la muerte.
(Era un hombre vestido de museo)

martes, 7 de septiembre de 2010

Vladímir Maiakovski - Barato, se liquida.




Barato, se liquida.


A ti, mujer,
a quien enredo en conmovedora aventura,
o a ti, transeúnte, a quien miro simplemente.
Todos pasan temerosos apretando los bolsillos.
¡Ridículos!
¡A los pobres,
qué pueden robarles!
Pasarán los años
lo sabrán ustedes,
tal vez, yo,
candidato a dos metros de la morgue municipal,
soy infinitamente más rico,
que cualquier Pierpont Morgan.

Al cabo de tantos y tantos años,
ya no viviré,
moriré de hambre,
o un tiro me pegaré
a mí,
al de fuego,
me estudiarán los profesores,
hasta los puntos y las comas,
y hablarán de dónde y cómo,
y cuándo vivió y nació...
Y desde la cátedra,
un idiota de frente saliente,
recordará a Dios o al demonio.
Se inclinará la muchedumbre,
adorándome inquieta,
y no me reconocerán.
Yo no soy yo.
Dibujarán una cabeza,
con cuerpo o con aureola,
y todas las estudiantes,
antes de dormirse,
soñarán acostadas sobre mis versos.

Soy pesimista -dicen-
¡Ya lo sé!
¡Siempre habrá aprendices en la tierra!
Pero al fin,
escuchádme:
todo lo que posee mi alma,
todo,
¿a ver quién se atreve a medir esta hondura?
Toda la maravilla,
que en la eternidad adornará mi paso,
y aún mi propia inmortalidad,
que tronando por todos los siglos,
juntará a mis admiradores de rodillas,
en el mundo y siempre,
¿todo eso quieren?
lo doy enseguida,
por una sola palabra,
cariñosa,
humana.
¡Gente!
¡Venid, levantando polvo por las avenidas,
aplastando cuerpos, pisando rostros!
Venid de toda la tierra.
hoy,
en San Petersburgo,
en la calle Nadiézda
por menos de un kopek
se liquida una valiosísima corona,
por una palabra humana.
¿Barato, verdad?
¡Anda,
prueba encontrarla!

domingo, 5 de septiembre de 2010

Helvert Barrabás - Un alarido lánguido es tu canto en el cadalso.



Un alarido lánguido es tu canto en el cadalso.


Un alarido lánguido es tu canto en el cadalso
Poeta de letras tristes
Que sueñas costas bolivianas
Y sonrisas de crepúsculos.

Un aventón de quince verstas en el camino
En una marcha de árboles que caen
Y conocen el negro-noche
-Dicha inmensa-
No como sus desgraciados hermanos de plaza pública
Que no duermen y enloquecen
Huelen a orín
Y son testigos mudos de historias trágicas.

Y suceden las imágenes en el horizonte
Difuso-Ancho-Lunático
Con su interminable línea de perros muertos.

Y se me ha extraviado la cornucopia
En una noche densa de luna gorda
Compartida con vagabundos de brazo sísmico
Y labios que florecen de violetas.

Y recorro las calles que jamás llegaré a conocer
Mientras una brisa peina mi cabello
Y consumo un cigarrillo
Contemplando el paraíso de los idiotas.

viernes, 3 de septiembre de 2010

lunes, 21 de junio de 2010

Ezra Pound - Encargo.



Id, canciones mías, al solitario y al insatisfecho,
id también al desquiciado, al esclavo de las convenciones,
llevadles mi desprecio hacia sus opresores.
Id como una ola gigante de agua fría,
llevad mi desprecio por los opresores.

Hablad contra la opresión inconsciente,
hablad contra la tiranía de los que no tienen imaginación,
hablad contra las ataduras,
id a la burguesa que se está muriendo de tedio,
id a las mujeres de los barrios residenciales,
id a las repugnantemente casadas,
id a aquellas cuyo fracaso está oculto,
id a las emparejadas sin fortuna,
id a la esposa comprada,
id a la mujer comprometida.

Id a los que tienen una lujuria exquisita,
id a aquellos cuyos deseos exquisitos son frustrados,
id como una plaga contra el aburrimiento del mundo;
id con vuestro filo contra esto,
reforzad los sutiles cordones,
traed confianza a las algas y tentáculos del alma.

Id de manera amistosa,
id con palabras sinceras.
Ansiad el hallazgo de males nuevos y de un nuevo bien,
oponeos a todas las formas de opresión.
Id a quienes la mediana edad ha engordado,
a los que han perdido el interés.

Id a los adolescentes a quienes les asfixia la familia…
¡Oh, qué asqueroso resulta
ver tres generaciones reunidas bajo un mismo techo!
Es como un árbol viejo con retoños
y con algunas ramas podridas y cayéndose.

Salid y desafiad la opinión,
id contra este cautiverio vegetal de la sangre.
Id contra todas las clases de manos muertas.

domingo, 11 de abril de 2010

Helvert Barrabás - X Oriente.


Henri de Toulouse-Lautrec - Femme assise sur un divan, 1883


Extensa calle sórdida, vives ajena al tablero de ajedrez
tus callejuelas maltrechas acogen a micro-traficantes de poca monta
ávidos de deshacerse de la mercancía de su misma calaña.
Muchachuelas de medio siglo se pasean por tus veredas
(coquetas, vanidosas, presumidas, risueñas)
con aliento a vino agrio y a empanada de pino.
Tus mejores años se quedaron en el recuerdo
pero aún hay clientes temerosos que se acercan a tus esquinas
en busca de putitas de edad avanzada
o de travestis de indumentaria ajustada.
Canes tiñosos aglomerados fuera de los lupanares
esperando que la cabrona se compadezca
y les arroje la bazofia en el muladar del antro grisáceo.
Niños sudorientos tras un balón de fútbol
cargando con el estigma de residir en el barrio rojo
cargando un arma corto-punzante por residir en el barrio rojo.
¡ZOTA! así te llaman los habitantes de la ciudad de la nada
conversación obligada para quienes se hacen llamar talquinos.
Los crapulosos pernoctan a la intemperie, bañados en orín
bajo el sol, bajo la luna, bajo una danza de moscas, bajo el farol rojo.
Diez oriente, calle de secretos inconfesables, calle de tradición.
En tus burdeles se desvirgaron pueriles mientras sus padres yacían borrachos
lamiendo los pezones desgastados de putas de antaño
dilapidando hasta el último peso, bebiendo hasta el último aliento.
Diez oriente, vives de reminiscencias y de borrachos en noches de infortunio.
Diez oriente, albergue de desesperanzados, beodos y juerguistas horteras.

martes, 30 de marzo de 2010

Helvert Barrabás - El Indulto.


Iliá Repin - Los Sirgadores del Volga


Gandul de tiempos muertos zarpa tu mano mendicante del frente
que dios todo misericordioso te ha otorgado el castigo inclemente.
Largaos por senderos inhóspitos y rotos con la adarga extraviada
inundaos en bosques pedregosos buscando vida con ciega mirada.
Marchaos de la comarca, alma errante, con paso ligero y sin retorno
marchaos prontamente, he aquí un cofre con cien monedas de oro.
Ve en busca de mancebas radiantes y cubiertas en vorágine de bucles
dirígete al impío piélago, bebe vino y conviértete en sabio del rascle.
El puerto te esperará, truhán de alhajas y costumbres licenciosas
con barcazas pintorescas de marineros ebrios y vida indecorosa.
Saludad a las heteras en nombre de Zantraginia, maldito pobre hombre
cuando se dirijan con su perfume de muerte hacia la pira y su lumbre.
Consolidad tu vida de artista en medio de mesalinas y pisaverdes
escribid con avidez excelsos poemas de desesperación y muerte.
Procurad mantener serenidad cual tigre rey en medio del acecho
cuando os pregunten los frailes quien te ha otorgado el aforrecho.
Vivid como poeta, maldito pobre hombre de vida miserable y hosca
y recordad el nombre de Zantraginia cuando tu cuello toque la horca.

martes, 16 de febrero de 2010

Helvert Barrabás - Surcando caminos de viento gris.


Jules de Bruycker


Los violines rasgan el aire con surcos incorpóreos que arremeten unísonos en medio de vida verdosa.
La luna se va de hocico remeciendo el oro candor / despellejando a indóciles durmientes de aliento pútrido.
Y vírgenes castradas sueñan poesías con piernas trémulas:
en medio de oasis vertiginosos vomitan heces / se persignan por sus príncipes que reinan ergástulas / cabalgadores de impetuosos corceles níveos de crin alquímica.
Curvaturas se desvanecen en la cercanía / los edificios longevos entorpecen las distancias / acrecientan el pavor de transeúntes novedosos _ factor sorpresa de los inquilinos.
Y se me caen los sueños en cascadas, las huellas no dejan nada tras de si /
el cenit galopa a mil leguas de mis rastros, y la vida se va y la vida se queda.
  Quijosteco hético, Quijosteco no ético.
Los canes pernoctan con mis pasos / el fantasma sin recompensa ni galardones
susurra vientos y añora: las putas ya no aman poetas.

Ezra Pound - With Usura.

                              

jueves, 28 de enero de 2010

Helvert Barrabás - Apocalipsis Mental.


Zdizlaw Beksinski

Bienvenidos a la inevitable era de las guerras cataclísmicas
del frenesís magnético que irrumpirá en nuestras miserables vidas.
Hemos nacido para alcanzar la muerte con mano trémula
pero el poder nos arrebata las migajas con total impunidad.
La nación nodriza nos amordaza con semblante encubierto
nos ofrece verosimilitudes digeridas por ignorancia
nos envuelve con su inconmensurable utopia estrellada.
Holocaustos de legiones proletarias bañadas con la furia del racismo
son hecatombes sigilosas del modernismo pérfido y caótico.
El viento surge furioso y madre naturaleza guarda silencio:
hombres desde un descomunal rascacielos juegan a ser dioses.
Y los pueblos diezmados por ser necesariamente innecesarios
continúan con regímenes beligerantes y hablan a sovoz:
pues el gatillo deambula por las calles dispuesto a soltar bullicio.
Y las barbas canosas de corazones rojos como la nieve cubierta de sangre
cambiaron sus hoces y martillos por campos de golf y albercas privadas.
Norteamérica es el Olimpo, África llora, Europa sonríe, Asia se ruboriza
y Latinoamérica cuelga desesperada cual racimo de agracejos
quiere surgir, pero cae, cae, cae, se aferra, la gravedad no da tregua
lo belísono se olvidará, culparán a nuestra madre verde que se ahoga
hijos de la puta…, la sociedad estulta cegada por rayos televisivos
disparados por la ionosfera, espejo maldito de muerte
el mundo es de los hombres y con ellos la tierra caerá, infinitamente caerá.