lunes, 26 de septiembre de 2011

Gustavo Palavecino - Acerca del Oficio Destruccionista.



Porque no somos más que tejido nervioso montado en un armazón de huesos/ Aunque dios desde El Pentágono nos avise que somos seres racionales/ y nos instigue a reproducirnos y a gastar dinero en sepulturas/ nada nos diferencia de los hongos ni de las piedras/ Como botellas plásticas terminaremos en el gran vertedero del mundo/ y nada podrá hacer doña Educación ni don Trabajo para resucitarnos/ ¡Oh destruccionistas, aceleremos nuestro destino! /Con taladros, motosierras, podadoras y morteros/ desfilemos pisoteando a los congéneres caídos como zombies, sin pena, miedo ni remordimiento/Incendiemos las escuelas, los museos, los bancos y santuarios del retail/ Una vez guillotinada Madame Historia emprendámosla con Mademoiselle Razón y sus feligreses/ sin olvidarnos de la Sociedad de los Poetas Bondadosos que le escribieron a la flor, al mar azul y al amor/ Porque no existe esa hermandad de la que tanto hablan/ el poeta se alimenta de envidia y vanidad/ le repiquetea el cascabel de la cola cada vez que estrecha la mano o palmotea la espalda/ ¡Desconfiad destruccionistas, desconfiad de todo! /¡Marchemos juntos destruccionistas del mundo! /y alguno de estos oficios elegid: carnicero, leñador, cantinero, detonador de explosivos, cazador, verdugo, mercenario, traficante, cafiche, sicario, terrorista, demoledor, panteonero, extirpador-amputador, curtidor, machacador, matarife…/ No tengáis miedo de masticar el polvo ni caer en charcos de sangre y podredumbre/Hagamos el trabajo que nadie quiere hacer: escribidle a lo fatídico, a lo informe, a lo antiestético a lo particularmente grotesco… hasta que la omnipotente MUERTE se haga cargo de nuestra inexistencia.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

Teófilo Cid - El bar de los pobres.


El Bar de los Pobres.


Hoy he ido a comer dónde comen los pobres,
Dónde el pútrido hastío los umbrales inunda
Y en los muros dibuja caracteres etruscos,
Pues nada une tanto cómo el frío,
Ni la palabra amor, surgida de los ojos,
Como la flor del eco en la cúpula perfecta.

Los pobres se aproximan en silencio.
Monedas son sus sueños
Hasta que el propio sol airado los dispersa
Para sembrarlos sobre el hondo pavimento.
En tanto, cada uno es para el otro
Claro indicio, fervor de siembra constelada.

Y en la pesada niebla de los hábitos
Que en ráfagas a veces se convierten
De una muda erupción
De alcohólica armonía,
Yo siento que el destino nos aplasta,
Como contra una piedra prehistórica.

Pues somos los que pasan
Cuando los más abren los ojos claros
Al amplió firmamento
Que adunan los crepúsculos antiguos.

El mundo es sólo el sol para nosotros,
Un sol que ha comenzado por besar las terrazas
De los barrios abstractos...

Masticamos sus migajas,
Sintiendo que un espasmo egoísta nos mantiene,
Pues somos individuos, por más que a ciencia cierta
El nombre individual es sólo un signo etrusco

En los que aquí mastican su pan de desventura
Un viejo gladiador vencido existe
Que puede aún llorar la lejanía,
Los menús elegir de la tristeza
Y darse a la ilusión de que, con todo,
Es un sobreviviente de la locura atómica.

Sentados en podridos taburetes
Ellos gastan los últimos billetes
Vertidos por la Casa de Moneda.

Los billetes son diáfanos, decimos,
Carne de nuestra carne,
Espuma de la sangre.

Con billetes el mundo
Congrega sus rincones
Y parece mostrar una estrella accesible
Sin ellos, el paisaje es sólo el sol
Y cada cual resbala sobre su propia sombra.

Pero la Casa de Moneda piensa por todos
Y los billetes; ¡oh encanto del bar miserable!
Nos suministra sueños congelados,
Menús soñados el día desnudo de fama.
Al levantar los vasos se produce el granito
Del brindis que nos une en un pozo invisible.

Alguien nos dice que el sol ha salido
Y que en el barrio alto
La luz es servidora de los ricos
¡La misma luz que fue manantial de semejanza!

Hoy he ido a comer donde comen los pobres
Y he sentido que la sombra es común
Que el dolor semejante es un lenguaje
Por encima del sol y de las Madres.

domingo, 12 de junio de 2011

Vladímir Maiakovski - Mi Universidad.



Mi Universidad.


¿Sabe francés,
restar,
multiplicar?

Declina maravillosamente!
¡Que decline!
Pero oiga,
¿acaso usted podría cantar a dúo,
con los edificios?
¿Usted acaso comprende
el idioma de los tranvías?
El hombre, a veces,
apenas sale del cascarón
y ya lleva libros bajo el brazo,
y cuadernos escritos.
Yo,
aprendí el alfabeto en los letreros,
hojeando páginas de estaño y hierro.
Los maestros,
toman la tierra,
la descarnan,
la destrozan,
y enseñan:
-Toda ella
no es más que un globo pequeño, redondo.
Pero yo,
con los codos aprendí geografía.
No en vano he dormido tanto sobre la tierra.
Los historiadores se atormentan con

/importantes preguntas:

-¿Era o no era roja la barba de Barbarroja?
¡Que sea!
No me gusta meterme en las mentiras con
/telaraña.

Yo conozco de Moscú, cualquiera de sus
/historias.

Hablan de Dobroliubov (para que lo odien)
pero su apellido está en contra,
protesta la familia.
Yo,
desde niño
aprendí a odiar a los gordos,
a los que se venden por una comida.
Se sientan,
charlan,
y para gustarle a la dama,
hacen sonar sus pobres ideas
con sus frentes llenas de monedas.
Yo,
dialogaba sólo con los edificios,
y las tomas de agua eran mis interlocutoras.
Con la ventana del oído atento escuchando,
los techos oían lo que les arrojaba al oído.
Y luego,
de noche,
sobre una cosa
o la otra
nos pasábamos charlando,
moviendo la "sin hueso".

domingo, 3 de abril de 2011

Helvert Barrabás - Numeraciones.




1
La ciudad es una gran hélice
Repleta de espirales
De ir & venir
De prolongaciones inmediatas & artificiales
Interminables.
2
Los héroes mueren de hambre en la esquina ensoñadora
Con la sonrisa de los 15 años y el abrigo menesteroso.
3
Se me quiebran los talones en las velocidades proporcionales
Cayendo como escalera desdentada
Enredado en la línea del Capricornio Copérnico
Sumergido en la espiral de la centrífuga de estrellas.
4
Manantial de manicomios des-establecidos & hospitales fantasmagóricos
Mi canto es el himno podrido & vomitado de las banderas andrajosas
& la patria desmantelada.
5
Satélites apocalípticos indican la ruta del nuevo salvador:
La gran masa estúpida & ridícula & genuflexa & ignorante
Cosida a puño por el dios camaleónico
Transita excitada por el laberinto argentino
Con su decadencia vestida de tecnológica
Prostituida / fornicada / sodomizada.

martes, 7 de diciembre de 2010

Helvert Barrabás - Desacordes.



Camino & camino y no encuentro donde
En los arquitectónicos senderos de la ciudadela
Donde en los ángulos grises aguardan algunos señores (as)
Bufonescos (as) / con sombrero y todo en el verano lleno
(Algunos severos cansados & hastiados / otros idiotas precoces & hambrientos)
Guiñol de estado & poder.
Si / suelo caminar por aquellos cielos de lechuzas vigilias
Con limites visuales no tangibles, inmensos.

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La ciudad es un ala de colibrí / & él / peón maldito / se arrastra por ella /
Preso de palabras / con sus delirios & paranoias /
Colgando de los inmensos días de techo vacío /
Esperando apocalíptica-mente sucesos indescifrables /
Con el rostro brillante de colores apócrifos/
Escribiendo helicópteros & globos dirigibles.

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Zumbido eléctrico de zancudos & bolígrafos que trizan el blanco
O repiquetean los dedos en la caja musical que vomita poemas
El centelleo trémulo de 200 watts pone estático el tiempo
(El tiempo en el sol transcurre en las sombras)
Un cuello de oca / como garfio
Me tiñe los ojos con gambox de mapache
Entre basura del norte
Donde en 50 pasos los perros cantan la muerte:
Sinfonía caótica cruzada con sonidos de ráfaga mecánica.

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La Ñ lleva una nube encima, que causa martirio nefasto
En ese reloj insondable de los castillos mentales
Rodeado de caimanes enflaquecidos por la peste
& moribundos polizontes durmiendo la eternidad en los dédalos
Con una doncella prostituida en las almenas, inmunda & preciosa.

martes, 5 de octubre de 2010

Helvert Barrabás - Chile cosido a mano.


Aleksandr Ródchenko

Chile cosido a mano y su vergüenza
En el pozo de los mil colores
¡Irrefutable carajo!
En La América sin apellido
Que nos hace cosquillas
En cines y restoranes.
Y vomitamos sus canciones oceánicas
Inmensas como máquinas
Horrísonas como insectos metálicos
Que surcan los bosques grisáceos.
Y sueno como esdrújula
En masturbaciones de guitarras
Entre tintines y tontones
Estrangulados de etiquetas.
Y en el paraíso cuadrado
De colinas pixeladas
Sobran las pizarras
Se pierde un universo
Y se abre una ergástula.

domingo, 26 de septiembre de 2010

Helvert Barrabás - Un viento ebrio de color cobre.


Tristan Tzara fotografiado por Man Ray


Un viento ebrio de color cobre
Revolotea
Me coge de pies y brazos
(Un anochecer de locura & desenfreno)
De silbidos paranoicos
En los kioscos tatuados
Con lupa de cuarzo
Y bolsillo abismante.
(Me fui a echar con los perros de mirada viva)
Y un faro dibuja una bicicleta en el cemento
De hombre inválido
Por la cólera y el sorbo.
(Creía un verso de quince patas)
Con aliento lastimero
(En las tierras de la costra americana)
Con su pecho cancerígeno
Y el látigo de las civilizaciones primigenias.
(Y me fui a vagar por ahí)
Sin mover ni siquiera un dedo
Y observé hipocresía desbordante
Muertos de ochos horas
Ningún cuestionamiento.
(Y ya no era el sol)
Era una cruz que golpea a los infieles
Que yace colgando de desmesurados cuellos mugrientos.
(El de los talismanes)
Se ha quedado ciego
Se quedó sin horizonte
Se mofó de la muerte.
(Era un hombre vestido de museo)

martes, 7 de septiembre de 2010

Vladímir Maiakovski - Barato, se liquida.




Barato, se liquida.


A ti, mujer,
a quien enredo en conmovedora aventura,
o a ti, transeúnte, a quien miro simplemente.
Todos pasan temerosos apretando los bolsillos.
¡Ridículos!
¡A los pobres,
qué pueden robarles!
Pasarán los años
lo sabrán ustedes,
tal vez, yo,
candidato a dos metros de la morgue municipal,
soy infinitamente más rico,
que cualquier Pierpont Morgan.

Al cabo de tantos y tantos años,
ya no viviré,
moriré de hambre,
o un tiro me pegaré
a mí,
al de fuego,
me estudiarán los profesores,
hasta los puntos y las comas,
y hablarán de dónde y cómo,
y cuándo vivió y nació...
Y desde la cátedra,
un idiota de frente saliente,
recordará a Dios o al demonio.
Se inclinará la muchedumbre,
adorándome inquieta,
y no me reconocerán.
Yo no soy yo.
Dibujarán una cabeza,
con cuerpo o con aureola,
y todas las estudiantes,
antes de dormirse,
soñarán acostadas sobre mis versos.

Soy pesimista -dicen-
¡Ya lo sé!
¡Siempre habrá aprendices en la tierra!
Pero al fin,
escuchádme:
todo lo que posee mi alma,
todo,
¿a ver quién se atreve a medir esta hondura?
Toda la maravilla,
que en la eternidad adornará mi paso,
y aún mi propia inmortalidad,
que tronando por todos los siglos,
juntará a mis admiradores de rodillas,
en el mundo y siempre,
¿todo eso quieren?
lo doy enseguida,
por una sola palabra,
cariñosa,
humana.
¡Gente!
¡Venid, levantando polvo por las avenidas,
aplastando cuerpos, pisando rostros!
Venid de toda la tierra.
hoy,
en San Petersburgo,
en la calle Nadiézda
por menos de un kopek
se liquida una valiosísima corona,
por una palabra humana.
¿Barato, verdad?
¡Anda,
prueba encontrarla!

domingo, 5 de septiembre de 2010

Helvert Barrabás - Un alarido lánguido es tu canto en el cadalso.



Un alarido lánguido es tu canto en el cadalso.


Un alarido lánguido es tu canto en el cadalso
Poeta de letras tristes
Que sueñas costas bolivianas
Y sonrisas de crepúsculos.

Un aventón de quince verstas en el camino
En una marcha de árboles que caen
Y conocen el negro-noche
-Dicha inmensa-
No como sus desgraciados hermanos de plaza pública
Que no duermen y enloquecen
Huelen a orín
Y son testigos mudos de historias trágicas.

Y suceden las imágenes en el horizonte
Difuso-Ancho-Lunático
Con su interminable línea de perros muertos.

Y se me ha extraviado la cornucopia
En una noche densa de luna gorda
Compartida con vagabundos de brazo sísmico
Y labios que florecen de violetas.

Y recorro las calles que jamás llegaré a conocer
Mientras una brisa peina mi cabello
Y consumo un cigarrillo
Contemplando el paraíso de los idiotas.

viernes, 3 de septiembre de 2010

lunes, 21 de junio de 2010

Ezra Pound - Encargo.



Id, canciones mías, al solitario y al insatisfecho,
id también al desquiciado, al esclavo de las convenciones,
llevadles mi desprecio hacia sus opresores.
Id como una ola gigante de agua fría,
llevad mi desprecio por los opresores.

Hablad contra la opresión inconsciente,
hablad contra la tiranía de los que no tienen imaginación,
hablad contra las ataduras,
id a la burguesa que se está muriendo de tedio,
id a las mujeres de los barrios residenciales,
id a las repugnantemente casadas,
id a aquellas cuyo fracaso está oculto,
id a las emparejadas sin fortuna,
id a la esposa comprada,
id a la mujer comprometida.

Id a los que tienen una lujuria exquisita,
id a aquellos cuyos deseos exquisitos son frustrados,
id como una plaga contra el aburrimiento del mundo;
id con vuestro filo contra esto,
reforzad los sutiles cordones,
traed confianza a las algas y tentáculos del alma.

Id de manera amistosa,
id con palabras sinceras.
Ansiad el hallazgo de males nuevos y de un nuevo bien,
oponeos a todas las formas de opresión.
Id a quienes la mediana edad ha engordado,
a los que han perdido el interés.

Id a los adolescentes a quienes les asfixia la familia…
¡Oh, qué asqueroso resulta
ver tres generaciones reunidas bajo un mismo techo!
Es como un árbol viejo con retoños
y con algunas ramas podridas y cayéndose.

Salid y desafiad la opinión,
id contra este cautiverio vegetal de la sangre.
Id contra todas las clases de manos muertas.

domingo, 11 de abril de 2010

Helvert Barrabás - X Oriente.


Henri de Toulouse-Lautrec - Femme assise sur un divan, 1883


Extensa calle sórdida, vives ajena al tablero de ajedrez
tus callejuelas maltrechas acogen a micro-traficantes de poca monta
ávidos de deshacerse de la mercancía de su misma calaña.
Muchachuelas de medio siglo se pasean por tus veredas
(coquetas, vanidosas, presumidas, risueñas)
con aliento a vino agrio y a empanada de pino.
Tus mejores años se quedaron en el recuerdo
pero aún hay clientes temerosos que se acercan a tus esquinas
en busca de putitas de edad avanzada
o de travestis de indumentaria ajustada.
Canes tiñosos aglomerados fuera de los lupanares
esperando que la cabrona se compadezca
y les arroje la bazofia en el muladar del antro grisáceo.
Niños sudorientos tras un balón de fútbol
cargando con el estigma de residir en el barrio rojo
cargando un arma corto-punzante por residir en el barrio rojo.
¡ZOTA! así te llaman los habitantes de la ciudad de la nada
conversación obligada para quienes se hacen llamar talquinos.
Los crapulosos pernoctan a la intemperie, bañados en orín
bajo el sol, bajo la luna, bajo una danza de moscas, bajo el farol rojo.
Diez oriente, calle de secretos inconfesables, calle de tradición.
En tus burdeles se desvirgaron pueriles mientras sus padres yacían borrachos
lamiendo los pezones desgastados de putas de antaño
dilapidando hasta el último peso, bebiendo hasta el último aliento.
Diez oriente, vives de reminiscencias y de borrachos en noches de infortunio.
Diez oriente, albergue de desesperanzados, beodos y juerguistas horteras.

martes, 30 de marzo de 2010

Helvert Barrabás - El Indulto.


Iliá Repin - Los Sirgadores del Volga


Gandul de tiempos muertos zarpa tu mano mendicante del frente
que dios todo misericordioso te ha otorgado el castigo inclemente.
Largaos por senderos inhóspitos y rotos con la adarga extraviada
inundaos en bosques pedregosos buscando vida con ciega mirada.
Marchaos de la comarca, alma errante, con paso ligero y sin retorno
marchaos prontamente, he aquí un cofre con cien monedas de oro.
Ve en busca de mancebas radiantes y cubiertas en vorágine de bucles
dirígete al impío piélago, bebe vino y conviértete en sabio del rascle.
El puerto te esperará, truhán de alhajas y costumbres licenciosas
con barcazas pintorescas de marineros ebrios y vida indecorosa.
Saludad a las heteras en nombre de Zantraginia, maldito pobre hombre
cuando se dirijan con su perfume de muerte hacia la pira y su lumbre.
Consolidad tu vida de artista en medio de mesalinas y pisaverdes
escribid con avidez excelsos poemas de desesperación y muerte.
Procurad mantener serenidad cual tigre rey en medio del acecho
cuando os pregunten los frailes quien te ha otorgado el aforrecho.
Vivid como poeta, maldito pobre hombre de vida miserable y hosca
y recordad el nombre de Zantraginia cuando tu cuello toque la horca.

martes, 16 de febrero de 2010

Helvert Barrabás - Surcando caminos de viento gris.


Jules de Bruycker


Los violines rasgan el aire con surcos incorpóreos que arremeten unísonos en medio de vida verdosa.
La luna se va de hocico remeciendo el oro candor / despellejando a indóciles durmientes de aliento pútrido.
Y vírgenes castradas sueñan poesías con piernas trémulas:
en medio de oasis vertiginosos vomitan heces / se persignan por sus príncipes que reinan ergástulas / cabalgadores de impetuosos corceles níveos de crin alquímica.
Curvaturas se desvanecen en la cercanía / los edificios longevos entorpecen las distancias / acrecientan el pavor de transeúntes novedosos _ factor sorpresa de los inquilinos.
Y se me caen los sueños en cascadas, las huellas no dejan nada tras de si /
el cenit galopa a mil leguas de mis rastros, y la vida se va y la vida se queda.
  Quijosteco hético, Quijosteco no ético.
Los canes pernoctan con mis pasos / el fantasma sin recompensa ni galardones
susurra vientos y añora: las putas ya no aman poetas.

Ezra Pound - With Usura.

                              

jueves, 28 de enero de 2010

Helvert Barrabás - Apocalipsis Mental.


Zdizlaw Beksinski

Bienvenidos a la inevitable era de las guerras cataclísmicas
del frenesís magnético que irrumpirá en nuestras miserables vidas.
Hemos nacido para alcanzar la muerte con mano trémula
pero el poder nos arrebata las migajas con total impunidad.
La nación nodriza nos amordaza con semblante encubierto
nos ofrece verosimilitudes digeridas por ignorancia
nos envuelve con su inconmensurable utopia estrellada.
Holocaustos de legiones proletarias bañadas con la furia del racismo
son hecatombes sigilosas del modernismo pérfido y caótico.
El viento surge furioso y madre naturaleza guarda silencio:
hombres desde un descomunal rascacielos juegan a ser dioses.
Y los pueblos diezmados por ser necesariamente innecesarios
continúan con regímenes beligerantes y hablan a sovoz:
pues el gatillo deambula por las calles dispuesto a soltar bullicio.
Y las barbas canosas de corazones rojos como la nieve cubierta de sangre
cambiaron sus hoces y martillos por campos de golf y albercas privadas.
Norteamérica es el Olimpo, África llora, Europa sonríe, Asia se ruboriza
y Latinoamérica cuelga desesperada cual racimo de agracejos
quiere surgir, pero cae, cae, cae, se aferra, la gravedad no da tregua
lo belísono se olvidará, culparán a nuestra madre verde que se ahoga
hijos de la puta…, la sociedad estulta cegada por rayos televisivos
disparados por la ionosfera, espejo maldito de muerte
el mundo es de los hombres y con ellos la tierra caerá, infinitamente caerá.

martes, 17 de noviembre de 2009

Helvert Barrabás - X Oriente.

                                        

sábado, 14 de noviembre de 2009

lunes, 19 de octubre de 2009

Helvert Barrabás - Barrabás.


Me encuentro celebrando el desfalco que cometimos hace un momento, bebiendo vino agrio en una tasca descubierta, acompañado de un zaragate, cuyo aspecto fornido, brazos monumentales, boca sedienta y hedor inaguantable, lo hacen un digno ladronzuelo que se mueve a hurtadillas por las callejuelas polvorientas de Jerusalén. Entre jarras de vinos y bellas mancebas, contemplo el botín con la cantidad de mil monedas de oro, extraídas directamente desde El Palacio Romano. Entre aquel jolgorio voluminoso, repleto de dadivosas sonrisas, vislumbro entre dromedarios sedientos a La Guardia Romana avanzar precipitadamente hacia nosotros; cauteloso, me levanto de mi silla y comienzo a correr velozmente entre el cúmulo de personas. Al llegar Al Templo Pagano me detengo con anhélito. Bañado en sudor y con el corazón palpitante, siento un golpe seco en mi nuca, el cual me hace caer de bruces y golpear fuertemente en mis labios y nariz. Ya estando decúbito en el suelo, comienzo a sentir gran cantidad de golpes en todo mi cuerpo, puntapiés feroces y manotazos febriles me azotan con vehemencia. Posterior a propinarme la paliza, dos guardias me levantan y me llevan a rastras hacia un calabozo lóbrego.

Tras despertar entre aquellas murallas tétricas, con mi cuerpo ebrio y mis pies descalzos, me levanto del suelo y me acerco hacia una ventana resguardada con barrotes para inhalar un poco de aire limpio. El sol brilla en lo alto y a lo lejos una marabunta ulula con proclamas difusas. Luego de alejar a una rata que lamía mis pies, escucho la voz furiosa de un hombre, el cual abre la celda dónde me encuentro, me proporciona un par de golpes, me coge de un brazo y me arroja violentamente fuera de aquel cuarto oscurecido. El robusto hombre llama a otro individuo que se encuentra cerca de mí, me levantan y entre golpes e improperios me llevan hacia un lugar incógnito.

Luego de estar extenso tiempo en otro cuarto, agobiado por el calor y el hedor nauseabundo, dando oído a fuertes alaridos de una muchedumbre que se encuentra en las aproximaciones de mi vetusta celda, dos guardias ingresan y me expresan que alguien se ha apiadado de mi y que no me llevarán a la crucifixión y entre risas irónicas me retiran de aquella ergástula infesta.

Al salir de aquel recinto, me conducen a un podio, en donde presencio a un gentío eufórico y exaltado, clamando la crucifixión de un individuo. Entre escupitajos, insultos y golpes, en medio de aquella aglomeración, aparecen dos guardias escoltando a un tipo moribundo, delgado, tes morena, mentón poblado, harapiento y de cabello abundante, el cual descendía por su rostro como cascadas ancestrales.

A aquel hombre de mirada triste se le ubica a mi lado, lo observo un momento y posteriormente desvio mi mirar hacia un hombre vestido con indumentaria romana, calvo, tes blanca, mirada decisiva y postura impertérrita. Al llegar dicho hombre al podio, la multitud se acalla y éste comienza a recitar algunas palabras, las cuales provocan que el público vuelva a su estado de excitación sempiterna. El dilema, según a mi entender, es el siguiente: la afluencia de gente debe decidir entre otorgarle el indulto al proclamado “Hijo de Dios” o a mí, Barrabás.

El tipo de mirada decisiva, luego de percatarse que la muchedumbre clamaba mi nombre con un brío incesante, como si fuera yo alguien laudable, pide a uno de sus sirvientes que le acerque un jarrón con agua y un paño, agua que utiliza para lavarse las manos y paño que emplea para secárselas.

Ya tomada la decisión, y no sin antes darme unos golpes, dos guardias me arrojan a la calle. Levantándome, me dirijo a buscar al zaragate con el cual me encontraba en un principio, para ver si corrió con mejor suerte que la mía y aún conserva el botín, para así continuar dilapidando el dinero en concubinas y licor.

lunes, 12 de octubre de 2009

Helvert Barrabás - La Silueta.


Zdzislaw Beksinski


Refugiado en una taberna nauseabunda, putrefacta, charlando con beodos habituales de este terruño del planeta, embriagado, infeliz, inhalando el agrio humo del tabaco, el cual invade en su totalidad aquel lugar tétrico, me encuentro con una copa de vino y un recuerdo de tiempos pasados. Hastiado ya de cruzar palabras con aquellos borrachos anónimos, indómitos y de aspecto lúgubre, me digno a salir de la cantina. Tambaleando entre sillas y mesas logro dar con la puerta de salida. Al salir, la noche inmensa me abofetea con su aliento gélido, el viento ruge en la soledad, luces someras alumbran las callejas impúdicas.

En medio de aquel frío verdugo, caminando entre ladridos de canes y sirenas de ambulancias con sus melodías fúnebres, aprecio una silueta ennegrecida entre la niebla espesa, agitando su mano enérgicamente desde el otro lado de la calle. Con la mirada perdida en la infinitud de la noche, cruzo la avenida a tientas entre muros invisibles, con el objetivo de averiguar cual es el motivo del movimiento realizado por aquel ser incógnito. Al llegar al lugar, me percato de que no hay absolutamente ningún individuo, más el incidente no me produce mayor cuestionamiento, ya que en el mismo instante continuo avanzando sin recordar siquiera por que había cruzado a dicho lugar desde la otra acera.

Entre pasos ebrios, estrepitosos, los cuales rompen el silencio infinito del anochecer, avanzo, parsimonioso, incauto. Mi vaho se mezcla con la neblina blanquecina, el cigarrillo entre mis dedos se consume entre bocanadas endebles y el soplido del viento, mi cabeza lánguida intenta buscar el horizonte, cuando nuevamente aparece aquella silueta espectral, delante de mí, gesticulando eufóricamente con ambos brazos a escasos metros de mi mirada atónita. Esta vez no solo aprecio una sombra bruna, sino además un color rojizo infernal contorneando todo su cuerpo, lo cual me hizo quedar estupefacto, con las piernas trémulas y una sequedad insólita en la boca.

Absorto en aquella callejuela funesta, con los huesos quebrantados por el frío abrupto de un invierno austral, aquella silueta escapada desde un abismo del averno, se acerca precipitadamente, hasta quedar a escasos centímetros de mi cuerpo rígido. Soportando un respiro tórrido en mi rostro, comienzo a sentir unos calosfríos que descienden desde mi cuello hasta mis pies, un pánico colosal me asedia enérgicamente, una extraña mezcolanza entre el calor del Sahara y el frío de la Antártida empieza a envolver mi cuerpo. Abstraído por aquel panorama lóbrego, caigo de bruces en un charco de agua pútrida. Sintiendo mi rostro empapado de aquel líquido rancio, el cual desprendía un hedor repugnante, me levanto precipitadamente y observo a mí alrededor: soledad y nada más. Aquella silueta fantasmagórica había desaparecido nuevamente sin dejar rastro alguno. Deslizando mí brazo por mi rostro, me desprendo de aquellas gotas infestas, y continuo avanzando, esta vez, con el corazón estremecido y la mirada cautelosa. Al doblar una esquina corrompida por los años, me detengo a encender un cigarrillo bajo una farola de luz tenue, en ese instante, siento un leve golpe en mi hombro, aterrado, giro mi cabeza, mis ojos recorren el lugar, pero solo aprecio la luz ligera del farol, y tras de ella una oscuridad perpetua. Al momento de volcar mi cabeza a su posición, advertí un hecho que me dejo sin habla: mi sombra, mi sombra se había desvanecido en medio de aquella noche.